La ausencia del profesionalismo y la abundancia del favoritismo del Inspector General de México: La relación con el gobierno

Leopoldo Batres (1852-1926) fue designado como Inspector General de Monumentos Arqueológicos de la República Mexicana a finales de los 1800, bajo la presidencia de Porfirio Díaz. Su trabajo fue una parte del discurso elaborado por el gobierno mexicano, el cual creó una sensación de identidad colectiva cuya importancia impactó a nivel internacional. Empero, sin duda, Batres también es y será recordado por sus acciones poco profesionales e hipócritas en el periodo en el cual fungió como Inspector. 

Batres, y el Porfiriato en general, simbolizaban lo opuesto a las acciones del Museo Británico y los arqueólogos extranjeros. Querían conformar una identidad nacional a través de la narrativa determinada por los sitios. Incluso se les conoció como “El Caballo de Atila” porque destruyeron todo lo que encontraban en su camino. Tal y como ya lo mencioné en el capítulo anterior, la Ley General de Monumentos Arqueológicos promulgada por Batres enfureció a una gran parte de los arqueólogos y al Museo Británico. Aunque el objetivo de su trabajo era crear una identidad colectiva más respetable para México, su enfoque fue desaprobado por diversos arqueólogos. 

El Porfiriato fue el periodo del reinado de Porfirio Díaz (1830-1915) que duró desde 1876 a 1880 y de 1884 a 1911. Fue una presidencia dictatorial caracterizada por la modernización y la represión de la libertad política. El control por parte del Inspector no fue total (al ser México una nación vasta) y por ello, muchos arqueólogos continuaron despojando los sitios arqueológicos apropiándose de los artefactos hallados. Uno de los objetivos del Porfiriato fue el de mostrar el control gubernamental sobre los sitios arqueológicos además de los arqueólogos mismos. Un aspecto fundamental a subrayar en este planteamiento es que el enfoque del poder gubernamental omitió por completo a la voz indígena. 

El enfoque en la arqueología durante el Porfiriato fue una gran parte del gobierno que apelaba por tratar de reclamar una identidad colectiva para la población mexicana. Sin embargo, mucho de eso fue ejercido a través del control gubernamental, el cual no era necesariamente representativo de la población, que cabe resaltar, era en su mayoría indígena. Sophie Bégin describe la fundación de la arqueología como la ciencia nacional durante el Porfiriato como “...una declaración de dignidad intelectual, además de una demostración de fuerza política y militar, ya que implicó la defensa de un corpus de bienes codiciados por los representantes de las naciones más poderosas del mundo.” (60). Esta definición representa bien las perspectivas de Díaz, Batres, y su grupo, quienes pensaban que era posible conformar una identidad a través de la narrativa determinada por los sitios arqueológicos. Sin embargo, esta identidad excluía las voces indígenas y, aunado a esto, una apropiación de su cultura que se aprovechó para la construcción de una identidad nacional.

Batres fue el primer Inspector de Monumentos Arqueológicos en México, de 1885 a 1911, y por eso su puesto conllevaba una descripción conectada con el control del gobierno mexicano sobre los sitios arqueológicos en su país. La descripción, según Blanca Estela Suárez Cortés, de la posición del Inspector mexicano es la de:

“...cuidar de la conservación de todos los monumentos y ruinas arqueológicas e históricas de la República, impedir que se hicieran excavaciones, traslaciones de monte, etcétera, sin la debida autorización de la Secretaría de Justicia. De igual manera, el inspector tendría que tomar nota de todas las antigüedades que se remitieran al Museo Nacional, ya fuera por compra hecha por el mismo establecimiento o por donaciones de las autoridades de los estados, del extranjero o de particulares. Además, le serían dirigidos todos los objetos decomisados en las aduanas, con el fin de que por su conducto llegarán al Museo Nacional.” (Suárez Cortés, 28)

Se debe resaltar el lenguaje que se usa en esta descripción: “cuidar,” “impedir,” y “decomisados,” que conlleva múltiples significaciones, algunas de las cuales están conectadas con el control y el poder del puesto de Inspector. El control de este puesto fue creado para evitar de una vez por todas los robos y saqueos realizados por arqueólogos e instituciones como el Museo Británico. 

La arqueología mexicana puede evitar la codicia de las colecciones de instituciones o individuales, pero, es evidente que en dicha descripción no se menciona en ningún momento a las comunidades indígenas, ni a su trabajo. Esto demuestra que no les importaba para nada establecer una relación con los grupos indígenas y que todo quedaba en las manos del Inspector. 

El trabajo de Batres era el de proteger los sitios, en esencia, pero esa labor no contribuyó a la construcción de una identidad colectiva. Los sitios arqueológicos jugaron un papel en el descubrimiento de una identidad, pero más que nada representaban la historia de México. Como escribe Luis Vázquez León en El Leviatán arqueológico, “el nacionalismo histórico se vio impelido más hacia la reconstrucción de la historia antigua que hacia la reconstrucción de pirámides:” esta “divergencia... convergirá luego de 1880 bajo el patronazgo del régimen porfirista” (115). Acorde a esta idea, la creación de una identidad a través de la reconstrucción de la historia antigua fue más importante que la reconstrucción misma de dichos sitios. Esta obsesión por controlar a los sitios arqueológicos no beneficiaba en nada a las comunidades indígenas ni tomaba en cuenta sus historias. Como consecuencia, las identidades colectivas se debilitaron. 

Batres percibía que su trabajo colaboraba en crear una narrativa de la identidad mexicana a través de la autoridad gubernamental que se le concedió. Esto conllevó a acciones ilícitas por parte del Inspector. La ley aplicada por Batres no permitía que los arqueólogos pudieran llevarse partes de los sitios arqueológicos, sin embargo, Batres favoreció a unos cuantos. Aunado a esto, también contribuyó a la destrucción de los sitios arqueológicos sin considerar a los pueblos indígenas con los que trabajó. Su enfoque poco profesional, desde muchas perspectivas, contribuyó a la disminución de su autoridad, que ocurrió a lo largo de su labor. 

A continuación describiré algunos hechos documentados que prueban el enorme daño que Batres perpetró contra los sitios arqueológicos. Unas de sus primeras acciones ocurrió en Mitla, Oaxaca, donde mandó colocar una placa donde se leía que cada visitante debía comunicarse con el Inspector antes de realizar una excavación. Sin embargo, esa advertencia la colocó sobre una de las piedras arqueológicas del sitio mismo, afectando una parte importante del sitio. Existe otra historia que cuenta que en el sitio de una de las excavaciones que Batres dirigía, en la Calle de Escalerillas en la Ciudad de México. Según Seonaid Valiant, profesora de estudios latinoamericanos y escritora de Ornamental Studies: Archaeology and Antiquities in Mexico, 1876-1911, la intención de Batres era tener siempre un control sobre todos los sitios, en especial el ya mencionado. Por eso, no permitió que la prensa viera su trabajo en el sitio de excavación, pero siempre estaba listo para darle cierta información selectiva a la prensa. 

Batres rompió muchas más reglas arqueológicas; fue conocido por vender partes y artefactos de los sitios arqueológicos para poder pagar sus gastos personales. Su justificación para estas acciones fue que a pesar de su puesto, nunca tuvo los recursos necesarios para tener un estilo de vida “caballeroso” (Valiant, 5). Cualquier otro arqueólogo consciente de su enfoque hacia el campo describiría las acciones de Batres como deshonestas ya que al vender las piezas estaría timando a los indígenas. Esto es apropiado, ya que él estaba regalando partes físicas de la historia mexicana que podía ayudar en la reconstrucción de una narrativa para la identidad colectiva, y de paso, estaba recibiendo beneficios a costa de los pueblos originarios. 

Su avidez por controlar de manera constante los sitios arqueológicos, su autoridad para decidir qué lugares tallar y el hecho de que escondía datos a la prensa contribuyó a las modificaciones en las funciones y apariencias de los sitios. Esto refleja las percepciones de Batres sobre los indígenas, que pensó no eran lo bastante importantes, significando a él que podía destrozar sus sitios. Creó todo ese daño solo para mantener la autoridad del gobierno sobre la identidad presentada por los sitios de México. Era el derecho de los indígenas mexicanos de tomar decisiones sobre sus sitios arqueológicos, considerar la venta de sus piezas o incluso alterar dichos sitios. Pero, nunca tuvieron influencia alguna.


Comments